Los hijos de padres sobreprotectores

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Las actitudes sobreprotectoras suelen darse con más frecuencia entre las madres, aunque también existen algunos padres podríamos describir estas actitudes como:

– Una especie de “arropamiento” del niño por medio de todo tipo de atenciones, cuidados, mimos, caricias y regalos ofrecidos como símbolos de amor. Al niño se le rodea de un ambiente totalmente ordenado metódico con el fin de que pueda encontrar todo hecho y de evitarle cualquier esfuerzo y sacrificio para que pueda sentirse feliz.

-La sobreprotección suele ir acompañada de una disposición rápida para dar cumplimiento cualquier deseo del niño, adelantándose, si es posible, a que lo manifieste.

– También suele suponer una actitud de continua alabanza dirigida al niño, ya sea por sus cualidades físicas, su inteligencia, aptitudes, o por cualquier obra que pueda hacer.

Si se analiza con un poco de detenimiento el porqué de estas actitudes en los padres es fácil descubrir un doble temor: por un lado, de cierto miedo a perder al hijo o su afecto y por lo tanto estos padres llegan a hacerse esclavos de sus propios hijos; por otro lado, surgen también de un miedo a que el niño pueda sufrir o pueda ocurrirle algo, con este fin se le advierte continuamente con recomendaciones sobre los peligros reales o imaginarios que pueden rodear al niño en su vida diaria, al niño se le acompaña siempre, se le trae se le lleva y está a donde sea y difícilmente puede sustraerse de la vigilancia materna que está continuamente tras él en un intento de evitar que pueda correr algún peligro, aunque sea haciendo lo que todos los niños pueden hacer, como  correr, saltar, montar en bicicleta, ir de excursión con amigos, etcétera.

Se debe desmitificar que con frecuencia se identifica al hijo sobreprotegido con el hijo único, pero realmente esto no es exacto en todos los casos. La sobreprotección se da cuando aparecen las actitudes o rasgos de conducta de los padres que se mencionaron previamente, y los padres que sólo tienen un hijo pueden haberse dado cuenta perfectamente de lo perniciosas que pueden ser para el niño estas actitudes y evitarlas. Sin embargo, el hijo único, o aquel que llegó después de muchos años de espera,  el hijo que siempre está enfermo, suelen estar rodeados de circunstancias y actitudes que llevan a la sobreprotección.

Constantemente suelen darse también estas actitudes cuando no está presente la figura del padre, ya sea que se trate de madres solteras o viudas jóvenes, por la propia inseguridad de la madre al intentar suplir el afecto del padre o por el deseo de encontrar en el hijo la sustitución al cariño del esposo; o en caso de ruptura matrimonial antes de que los padres concluyan su separación, cuando el cónyuge que se siente especialmente desplazado trata también con frecuencia de centrarse en el hijo como medio de compensar su carencia afectiva, o por el miedo de perder también al hijo.

Por supuesto para que pueda darse la sobreprotección no es preciso que sea de ninguna de esas circunstancias especiales, es suficiente con que en los padres se de esa inseguridad y que traten de compensarla con exceso de cuidados y atenciones hacia el hijo.

Ahora bien, ¿qué ocurre con los niños cuyos padres adoptan conductas de sobreprotección? Aquellos niños que ven cumplidos todos sus deseos, que se sienten continuamente halagados, que continuamente reciben regalos, poco a poco se van haciendo egoístas y desagradecidos, pues llegan a ver como natural y justo todo aquello que reciben de los demás, por lo que con frecuencia sean también caprichosos. Estos hijos a menudo se ven a sí mismos como personas cargadas de derechos, y llegan a pensar que las personas viven para su servicio. Por eso ya desde niños llegan a ser dominantes e incluso llegan a tiranizar a los demás cuando encuentran en ellos una resistencia para el cumplimiento de sus deseos. Posteriormente de adultos seguirá necesitando de los demás la alabanza, la atención, el reconocimiento, y serán especialmente susceptibles ante los que puedan criticar sus actitudes.

Por la imagen que los padres les inculcan de sí mismos con elogios y alabanzas van interiorizando un concepto de sí mismos excesivamente elevado, pero que en la vida normal no tardarán en descubrir como inconsistente, por eso con rapidez se tornan tímidos, angustiados, inseguros ante los desconocidos, y en la medida en que los padres les han evitado todo esfuerzo llegan a ser personas incapaces de autoafirmarse, defenderse y de superar las dificultades en las circunstancias normales de la vida. Viven dificultades primero en el colegio y más tarde en la profesión, cuando llegan al matrimonio presentan serias dificultades si no encuentran un hogar ordenado y perfecto donde nada distorsione sus esquemas y gustos. Un porcentaje muy alto de matrimonios donde uno de los cónyuges ha sido educado con sobreprotección tienen problemas graves, precisamente por sus exigencias, unidas a una incapacidad para colaborar y esforzarse en las tareas normales, pues están generalmente más preparados para seguir siendo hijos protegidos que verdaderamente compañeros y padres.

Si bien los padres sobreprotectores afirman amar extraordinariamente al hijo, deberán preguntarse sinceramente si junto a ese cariño podrían encerrar actitudes egoístas y el querer al hijo de esa manera principalmente por la satisfacción de tenerlo y de disfrutarlo, dejando de lado al hijo en sí. Mientras que viéndolo con objetividad y valorándolo como realmente es, se pueden dejar del lado las conductas de sobreprotección y darle la libertad que necesita para desarrollarse.

Bibliografía

Izquierdo, C. (2007). La autoridad hoy, un reto para los padres. Editorial San Pablo.

 

 

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