Mi hijo: una persona diferente a mí y acreedor de la verdad

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Como padres es normal que se tengan expectativas sobre los hijos. Incluso desde antes que nazcan, se añoran los momentos que se compartirán con ellos y los logros que ellos tendrán. Una vez que nacen, se procura apoyarlos para que todas estas metas se cumplan y lleguen a ser exitosos. Sin embargo, se cae en el riesgo de quererles imponer sueños que en realidad son de los padres y no de ellos.

Dolto (2000) afirmó que “reconocer en su hijo a una persona independiente, que toma opciones que no son las suyas, exige de cualquier padre realizar un trabajo consigo mismo, a un tiempo de renuncia y apertura”.

A veces a los padres les hubiera gustado que sus hijos fueran médicos, abogados, ingenieros; sin embargo, ellos elijen otro camino. Incluso, algunos quieren que le vayan al mismo equipo de fútbol pero tal vez su hijo prefiere otro deporte.

Dolto (2000) menciona que “la sociedad espera que (el niño) rentabilice la inversión que ha hecho en él”; por lo que el niño no existe por quien es sino por lo que puede llegar a ser, parece que se percibe al niño como “un objeto cuya vocación y destino consisten en satisfacer a los padres”. Sin embargo, el niño no vale por lo que llegará a ser sino por quien ya es. La infancia no es el preámbulo de la vida, es la vida en sí misma.

En ocasiones es complicado respetar los gustos y las decisiones que toman los hijos, pero es necesario hacerlo, ya que ellos no son una extensión de sus padres, son una persona diferente y tienen los mismos derechos que los adultos para tomar sus propias decisiones; finalmente, “el niño es una persona” (Dolto, 2000).

Asimismo, los niños merecen que se les hable con franqueza. Dolto (2000) afirma que se le puede decir al niño todo lo que le concierna; ya que, en realidad, “el silencio resulta más traumatizante que las palabras, pues lo que no se expresa se vive siempre como algo malo, vergonzoso, algo que es preciso ocultar”. Además, Dolto (2000) menciona que “un niño dispone de más recursos de lo que se cree” y que “es en éstos en los que hay que apoyarse”.

“Hablar con franqueza equivale a hablar con normalidad” (Dolto, 2000); lo difícil es que “hablar con franqueza sólo es posible si se sabe escuchar”, pero ¿cómo escucharán los padres que consideran a sus hijos como extensión de ellos mismos y no como personas independientes?

Por lo tanto, en Terapia Psicológica Vida & Bienestar, se trabaja tanto con los padres como con los niños para promover la comunicación asertiva entre ellos y así fomentar una dinámica familiar más funcional. Asimismo, se trabaja individualmente con los niños para ayudarlos a encontrar sus propios recursos y fortalezas y así puedan crecer y desarrollar al máximo su potencial.

 

 

Referencias:

Dolto, F. (2000). Dolto para padres. España: Plaza & Janés.

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