La importancia del sueño para los niños

¿Cuál es el costo de que mi hijo no duerma el tiempo necesario? Menor puntuación en los tests, problemas en su bienestar emocional, déficit de atención por hiperactividad, obesidad, etc.

Según estudios de la Fundación Nacional Americana del Sueño, el 60% de los niños pasan mucho sueño durante el día. Y entre el 20% y 33% de ellos se quedan dormidos en clase al menos una vez a la semana. Nosotros recordamos que solíamos estar cansados cuando íbamos a la escuela, pero no tanto como los estudiantes de nuestros días.

Hay tantas causas de que se pierdan horas de sueño como tipo de familias: exceso de actividades, de deberes, laxitud en cuanto a la hora de dormir, televisiones y celulares en las habitaciones…todos estos factores contribuyen. También interviene la culpabilidad, como los padres llegamos tarde a casa del trabajo, queremos pasar tiempo con nuestro hijo y nos resistimos a ponernos firmes a la hora de mandarlo a la cama.

Pero, ¿cuál es el impacto de las horas de sueño perdido? Como el cerebro de nuestro hijo está en proceso de formación hasta la edad de 21 años, y como buena parte de ese trabajo de formación tiene lugar cuando duerme, las horas perdidas tienen un impacto exponencial sobre éste. Algunos científicos afirman que los problemas de sueño pueden causar cambios permanentes en la estructura cerebral de los niños: daños que no se pueden reparar durmiendo luego un poco más. “Una pérdida de una hora es equivalente a la pérdida de dos años de maduración y desarrollo cognitivo” afirma el Doctor Sadeh, de la Universidad de Tel Aviv.

“La Doctora Monique LeBourgeois, de la Universidad de Brown, estudia cómo afecta el sueño a los niños de preescolar. A prácticamente todos los niños se les permite estar despiertos más tiempo los fines de semana. No duermen menos, y no les falta sueño, simplemente los viernes y los sábados por la noche se van a dormir más tarde. No obstante, ha descubierto que este simple cambio en la hora de ir a dormir tiene un efecto en los resultados de los test de inteligencia. Cada hora de retraso le cuesta al niño siete puntos en el test.”

Los niños cansados no pueden recordad lo que acaban de aprender porque las neuronas pierden plasticidad, y se vuelven incapaces de formar las nuevas conexiones sinápticas necesarias para codificar un recuerdo.

Los niños cansados también tienen problemas para controlar sus impulsos y estudiar. Un cerebro cansado se queda atascado en una respuesta y no puede llegar a una solución más creativa, sino que vuelve repetidamente a la misma solución que ya sabe que es errónea.

El Doctor Matthew Walker, de la Universidad de California, explica que durante el sueño, el cerebro lleva lo que ha aprendido ese día a otros lugares para almacenarlo más eficientemente. Esto significa que cuanto más haya aprendido nuestro hijo durante el día, más necesita dormir por la noche.

Además, en cuanto al contexto emocional, la falta de sueño afecta al hipocampo más intensamente que a la amígdala, el resultado es que los niños con falta de sueño dejan de recordar los sucesos agradables, y sin embargo se acuerdan perfectamente de las cosas desagradables.

“El sueño es un imperativo biológico para todas las especies que viven sobre la Tierra pero sólo los humanos intentamos resistirnos a su tirón. Pero tal vez no nos demos cuenta del precio que estamos pagando por nuestra actitud. El Doctor David Dinges hizo un experimento en el que acortó el sueño de una serie de adultos a seis horas por noche. A las dos semanas dijeron que estaban bien. Sin embargo, cuando se les sometió a una batería de pruebas, tenían sus capacidades tan disminuidas como si hubieran estado despiertos veinticuatro horas seguidas. Dinges hizo el experimento para demostrar que la pérdida de sueño es acumulativa, y que su falta puede nublar nuestro juicio. No obstante, resulta tentador leer sobre este experimento y pensar: ‘yo sufriría pero no tanto, yo sería la excpeción’. Hemos estado pasando con poco sueño durante años, y aquí estamos. Estamos acostumbrados a ello, pero cuando se trata del cerebro en desarrollo de un niño, ¿estamos dispuestos a correr semejante riesgo?”

 

 

Referencia: Bronson, P., y Merrynan, A. (2011). Educar hoy: Nadie dijo que fuera fácil. España: Editorial Sirio, S.A.

 

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