Acerca de Nuestra Memoria

 

Nuestros recuerdos no son tan pulcros y objetivos como nos gustaría. A diferencia de lo que nos sugiere el sentido común, la memoria no permanece inalterable a través de los años. Si pudiéramos viajar al pasado nos sorprenderíamos al ver cómo los hechos acaecidos no fueron como los recordamos. Embellecemos o dramatizamos nuestro pasado y luego tomamos decisiones con base en esos datos alterados.

Recordamos más fácil y mejor aquello que concuerda con nuestras creencias, personalidad y forma de ver la vida; lo cual, puede conducirnos al autoengaño.

Por ejemplo:

  • Si estoy convencido de que soy torpe, recordaré más fácilmente situaciones de torpeza que situaciones en las que he sido hábil o diligente.
  • Si creo que no soy digno de amor, recordaré con más frecuencia fracasos afectivos que los buenos momentos de amor.
  • Si pienso que un amigo es desleal, es probable que recuerde más sus intrigas (así sea una) que sus actos de compañerismo (así sean muchos).

Además de las creencias, el estado de ánimo también ayuda a sesgar la memoria: la tristeza hace que recuperemos más información depresiva y la ansiedad que recordemos más eventos trágicos o catastróficos. Este fenómeno se denomina aprendizaje dependiente del estado.

Además de nuestra personalidad y forma de ver la vida, nuestros recuerdos también están afectados por el tiempo. La información que almacenamos en la memoria no queda estática para siempre, sino que se altera con la entrada de nuevos datos. Ésa es la razón por la cual existen los falsos recuerdos de los cuales no somos conscientes. Juramos que esto o aquello fue así, pero la distorsión existe ¿Quién no se ha sorprendido alguna vez cuando volvemos a un sitio en el cual habíamos estado hace muchos años y descubrimos que era más pequeño o más grande, más lindo o más feo, menos oscuro o más tenebroso de como lo recordábamos?

Así que todo lo que recuerdes puede estar sesgado, es mejor sospechar de la remembranza. No hay que desarrollar una amnesia protectora, no, sino que es bueno tomar con pinzas aquellos momentos que confirman tu malestar, tu alteración y tu dolor. Memoria balanceada, razonada y razonable. Memoria discriminada en la convicción de que no todo lo que brilla es oro, ni nada es tan horrible o tan  espectacular como el pasado nos sugiere.

 

 

Referencia: Riso, W.. (2004). Pensar bien, sentirse bien. Bogotá: Grupo Editorial Norma.

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