Acerca del perdón

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¿Qué no es perdonar?

  1. Perdonar no es absolver. No implica borrar la falta como por arte de magia o hacerla a un lado como si nada hubiera pasado. El hecho queda registrado en la historia y por tal razón el pasado siempre está vivo de alguna manera en la memoria.
  2. Como consecuencia de lo anterior, perdonar no es olvidar. El perdón no es amnesia, entre otras cosas, porque no sería adaptativo borrar al infractor de nuestra base de datos y quedar por ingenuidad en riesgo de un nuevo ataque. ¿Debe el niño olvidar el rostro del abusador que persiste en su afán destructivo? ¿Cómo olvidar al explotador y evitar que vuelva a estafarme? Un punto adicional: si dejáramos de recordar, ¿qué pasaría con las víctimas? Ninguna víctima merece la indiferencia. El silencio en estos casos resulta ser cómplice y un detractor de la conciencia moral necesaria para fijar una posición frente problema.
  3. Perdonar no es otorgar clemencia, porque no ejercemos función de jueces, al menos en la vida normal de relación, no somos quiénes para decidir el tipo de castigo o intensidad. Se puede odiar sin agredir y se puede castigar sin odiar, como hacen muchos educadores. Además, clemencia puede llevar implícita cierta arrogancia en tanto implica ponerse por encima del culpable.
  4. Perdonar no es renunciar a la justicia. El acto de perdonar no entraña que debamos renunciar a defender nuestros derechos o dejar de luchar por lo que creemos, más bien se trata de no entrar en el juego del odio. Dicho de otra forma: no odiar no es dejar de combatir, sino, enfrentar la situación de manera serena. ¿Puedo pelear o defenderme de mis enemigos sin odiarlos? Sí. De eso se trata el perdón. No es abdicar a la justicia sino ejercerla sin rencor, sin ira, sin aberraciones violentas.

¿Qué es perdonar?

Perdonar es no odiar, es extinguir el rencor y los deseos venganza. Es negarse a que el resentimiento siga echando raíces. El odio es una aversión esencial por el otro, acompañado por unos fuertes e incontenibles deseos de destruir a la persona. El otro es visto como un enemigo peligroso, maligno y cruel.

La mayoría de los autores coinciden en que el perdón requiere de ciertas condiciones:

  • Solamente la persona ofendida es quien tiene el derecho a perdonar. Ése es el privilegio de la víctima. El perdón es algo personal, en él sólo intervienen los involucrados directos.
  • El perdón requiere tiempo. El perdón fácil es sospechoso. ¿Cuánto dura el proceso de perdonar? Nadie sabe. Pero sí sabemos que no es inmediato. Hay que sopesar muchas cosas, hay que pensar razones y darle razones al corazón para que decida.
  • ¿Debe arrepentirse el ofensor para que haya perdón? No. El arrepentimiento facilita el perdón, sin lugar a dudas, pero no es una condición necesaria y suficiente. Condicionar el perdón al arrepentimiento es asumir una estructura autoritaria del perdón.
  • ¿Tenemos la obligación moral de perdonar? No; más que un deber, es un deseo, es el fuero interno el que decide.

 

 

Referencia: Riso, W. (2004). Pensar bien, sentirse bien. Bogotá: Grupo Editorial Norma.

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